Conjunto vacío
Es cierto que jamás podré percibirlo todo ni saber hasta dónde llega, pero es por esa misma razón que nadie puede negarme que todo existe. En Internet.
Es cierto que jamás podré percibirlo todo ni saber hasta dónde llega, pero es por esa misma razón que nadie puede negarme que todo existe. En Internet.
3 maravillosas oportunidades que nos han brindado los teléfonos celulares:
1. En caso de insanidad, podemos espontáneamente largarnos a hablar solos por la calle. ¿Acaso está loco? No, tiene Bluetooth.
2. En caso de que un amigo nos traicione y lo estemos persiguiendo para, digamos, asesinarlo, siempre podremos descifrar si su escondite está cercano con un simple llamado a nuestra agenda de contactos. Nunca imaginará que su ringtone será también su sentencia de muerte.
3. Los ringtones lo son todo. Desde su creación, múltiples circunstancias han sido (más o menos) involuntariamente musicalizadas para el recuerdo. ¡No me digas que El Padrino no fue suficiente para ahuyentar a esos chorros!

Testigos. De eso se trata Das Leben der Anderen (y por qué no, esto que es ser). Y es que todo lo que es, lo es por que es percibido (algún ostentoso lo llamaría ‘esse est percipi’).
Wiesler primero ve en el teatro, y por eso más tarde desea escuchar. Y escucha. Y porque él ve, Dreyman verá lo que no quería ver. Pero luego, y de nuevo porque Wiesler escucha, y además dice, Dreyman y Christa-Maria se verán de nuevo. Wiesler vuelve a escuchar. Pero esta vez calla. Y cuando Los Otros ven – y lo ven -, Wiesler ya no ve más que lo que quiere ver. Y nadie ve. Y luego, al tiempo, por fin Dreyman también (lo) ve. Y escribe.
Además de todas esas percepciones, lo que hace que Das… sea, es que se mueve y actúa con esa humilde grandeza de lo que Es.
El hombre puede cambiar. El hombre es bueno. La música lo hace bueno. Y por eso cambia. Ver es percibir que es sentir que es ser que es escuchar que es decir que es escribir. Vivir.