Archive for February, 2008

(In)diesciplinado

Juno

Vanessa Loring: Your parents are probably wondering where you are.
Juno MacGuff: Nah… I mean, I’m already pregnant, so what other kind of shenanigans could I get into?

El problema con Juno, si lo hay, es todo lo que vino antes y todo lo que vino pegado.

Desde el momento en que una persona (o una película) se califica (o es calificada) como independiente, no hacemos más que juzgar todos sus actos bajo esa lupa. Es cierto que somos perversos, pero eso no quita que la cosa en cuestión esté mintiendo o exagerando y que verdaderamente no sea independiente, sino simplemente un producto alterno, casi un escupitajo del sistema.
Entonces, cuando empiezan las comparaciones, Juno es graciosa, sí, es simpática, sí, es adorable (¡es todo lo que pretende ser!), es cierto, pero no es ni muy inteligente ni está muy por fuera del sistema.
Por más que aquí no sean los populares los que ganan, sino una banda de nerds a cual más nerd (en todas sus variantes), no se asumen grandes riesgos: no hay aborto, ni niños abandonados, ni corazones rotos.
Estamos ante algo que si tratara un poco menos fuerte de ser gracioso, adorable e independiente, sería más honesto y así, más cortés y considerado.

Tesis: todos los nerds van al cielo.

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Si una noche de invierno un viajero

beware of books

Cuánto se aprende entrando a una librería cualquiera. Por ejemplo, hay palabras que van bien en los libros “bien”: dialéctica, hermenéutica, estrategias y estética. Si uno quiere comprar un libro de estudio y quiere quedar bien, no hay más que escoger un volumen con alguna de esas palabras. Nada de “antología”, “manual”, “guía”.

En libros de ficción van bien los títulos pretenciosos que se muestran con humildad. “Ampliación del campo de batalla” de Houellebecq es un libro horrible, pero todos quieren leerlo. Está hecho de palabras simples, pero todos sabemos que pretende ser lo contrario. También hay nombres que se añejaron y que perdieron su bucolicidad: “El lobo estepario” es un nombre de acá nomás doblando la esquina, pero mencionarlo en una conversación despierta suspiros y reojos. Ponerle “El Aleph” a algo es una fácil exclamación de megalomanía, salvo que seas Borges, claro. Para algunos en ese caso es una hipóbole.

Títulos como “Gracias por el fuego” hacen de algo pequeño algo ingenioso. No se encuentran a menudo. Pero “100 años de soledad”, puff, son imposibles. También hay nombres como “Los convidados de piedra” que nadie nunca va a saber a qué se refieren, pero uno los dice todo el tiempo porque son eufónicos. Hay nombres que se resuelven si uno lee el libro, pero solos – como “Todo está iluminado” – son un presagio. Y no me hagan hablar de Kundera.

Los nombres cortos como “Asfixia”, “Expiación” o “Guerra y Paz” con frecuencia hablan de un autor provocador e imberbe, que quiere tener algo para decir.

En cambio, de pronto uno se encuentra con un volumen desorientado, impertinente que tiene un nombre honesto y que simplemente nos cuenta una historia, como “Un mundo feliz” o “Ficciones” o “El viejo y el mar” o “El Principito”. Esos son volúmenes que no duran mucho en las estanterías.

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Weather, times are good or bad, happy or sad

Weather

Es mentira que los medios mienten en todo, pero sí lo hacen en una cosa: el clima. No, no vengo con esas viejas teorías de que los metereológos son cretinos y de que hay que hacer lo contrario de lo que pronostican. Esto es mucho más oscuro.

¿Por qué – me pregunto – cuando ya es empíricamente rete obvio que afuera hace más temperatura de la que dice el sitio web como máxima no lo cambian? ¿Es orgullo? Y, en el caso de que lo cambien sobre la marcha, ¿no se dan cuenta de que son unos inconstantes e hipócritas de mierda?

Además, es obvio que La Nación miente más. No porque sean conservadores y – por suerte – antikirchneristas, sino porque para ellos nunca hay máximas de más de 32°. Y claro, es que es re grasiento decir que hacen 35, 37, o los horribles días en que llega a los 40 y que Mitre no pisa la redacción porque sabe que la farsa es insostenible pero no quiere ser testigo de la destrucción de su línea editorial. También puede ser que todos los que leen La Nación tengan aire acondicionado. En cuyo caso (y en otros casos también), uno no quiere enterarse de que hace calor. Porque, al fin y al cabo, ¿no vivimos de percepciones?

Si leo 24° no siento 36°. No insistas, Clarín.

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Más o menosivo

Masa

Durante el fin de semana fui 2 veces al cine y finalmente entendí el concepto de “masa”.

En la primera ocasión, por culpa de una desprolijidad totalmente autocomplaciente de Hoyts General Cinema, 8 y 8 personas tenían los mismos asientos en la sala. Lo intrigante no fue que dos viejos blandieran insultos, puños y cargos jerárquicos federales, o que todos se negaran a mojar los orgullos para que la película pudiera empezar, ni siquiera que todas las butacas tuviesen el mismo precio y sin embargo los viejos esgrimieran su legítimo derecho a recibir el asiento por el que habían pagado (y por el que también pagan sus impuestos); lo realmente formidable fue que todos (ellos, uno y yo) nos enardeciéramos con los protagonistas, demandando cordura, humildad o al menos silencio. Hasta yo llegué a vociferar un poco, agitar brazos, mirar en derredor, lamentar el estado de las más antiguas generaciones y hacer comentarios resonantes hacia la mujer a mi costado que me ignoraba. Aplaudí.

Lo más misterioso de todo fue que al día siguiente arribé a una sala con 2 personas solamente, permanecí en silencio, obedecí las indicaciones del acomodador y me fui con las palmas pálidas. Y era yo de nuevo.

Y la masa.

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Storytelling

Eastern Promises

Kirill: He is no driver, he is the undertaker.

Este es un comentario como amiga que soy de Cronenberg, porque sé que nos decimos las cosas con confianza y esperamos sinceridad del otro.

Todo bien con el relato de Eastern Promises, con la habilidad que tenés de contar historias, de invertir puntos de vista, de retratar a un fascinante submundo de lo oscuro y lo radical, de poner en el foco de atención a lo corporal y a la tinta en lo corporal (que no es poca cosa), de hacer que Viggo hable en ruso argentino, de usar la figura del chofer y del sepulturero que son la misma cosa, de darle protagonismo a una prostituta, de mostrar, de mostrar y de mostrar a seres humanos, no personajes, que se esfuerzan, sangran y gruñen para ser sofisticados. Todo bien, qué te puedo decir más que me da odio que te ensalcen de antemano porque las expectativas después lo confunden todo.

Pero, digo, no sé, me parece, ¿hacía falta el giro loco culminando el film? Bah, qué sé yo. Quizás es el doble giro que viene a costa del primero que no debería preocuparme. Pero no sé, como que… no sé. Está bien, digo, está bien, supongo.

(Odio cuando me quedo sin palabras).

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" Greco del dia http://twitpic.com/273l3y "