El último cruzado

We’re packing hot dogs for the road. You know, hot dogs get a bad rep. They gotta cool shape, they got protein.
Sí, lo admito. Por un instante, en la oscuridad del cine y detrás de la vastedad de la propuesta, pensé: “¿Qué onda?”.
Pero volvamos al principio. Primero y fundamental: ¿a quién – si no a un cruzado – se le puede ocurrir que Mark Wahlberg, el que parece argentino de tan dulce barrabrava, jugaría un buen y noble docente de ciencias? Idea genial n°1.
The Happening se me aparece como la primera película de la filmografía de Shyamalan. (Para mí que el indio-americano fue de atrás para adelante). Porque, más que cine clase B, es cine de bajos recursos pero de buenas ideas. Como cuando uno sabe que pronto lo va a convocar Coppola pero que por el momento debe conformarse con nieve de telgopor.
¡Esperen! Esta vez no es una gran idea. Y encima, a la media hora de película ya se mete un zafio develando el misterio. Que es totalmente insensato. Y los efectos especiales son un robo. O sea, un Robo. Y los diálogos son ciertamente incómodos. Y al final nos da la sensación de que todo esto podría haberse tratado de un cuento corto, fugaz, pintoresco.
¿Y entonces? Pasa que en el medio del atraco, cuando uno percibe sus bolsillos ya vacíos, el honor mancillado, los labios secos e insuficientes, sobreviene un pensamiento simpático. Eso es. El espectador vuelve los ojos a la pantalla, ve a los Anemoi sobre las agruras, recuerda las tensiones, las pasiones y los miedos, reconoce que ha sido heroicamente engañado, y suspira.
En fin, que uno comprende que se trata de un tipo bizarro (para la RAE: valiente, generoso, lúcido, espléndido), que una y otra vez hace lo que quiere, que lo mete en las salas de pochoclo Jumbo y que hace que nos tiemblen las carnes ante la vista de lo sinople, si bien doméstico. Hasta, si uno así lo desea, puede permitirse aquí una admiración cínica por este foráneo que se ríe de los humanos ante el apocalipsis más asequible.
Si antes lo liquidé, hoy encomio al último de los cruzados, el de los fantasmas únicos.





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