De cuándo y cómo lucir bien

Foto por Apotheker
Con frecuencia me encuentro en escenarios sociales y masivos que disparan en los mequetrefes reacciones agolpadas y poco higiénicas. A saber:
* En una sala de espera en la que llaman por número.
* En un atraco o desvalijo más o menos informal.
* En una clase cuando toman oral.
* En una catástrofe natural o aposta.
* En una entrega de diplomas.
* En el lecho de muerte.
* En una reunión de índole competitiva.
* En caso de surgir alienígenas.
* En una crisis agricopolítica.
Si bien antagonistas, se trata en todos los ítems de entornos propicios para la ponderación y la mandada de partes. Diríamos, entonces, que al ser llamado nuestro número – el 72 -, en vez de precipitarnos hacia el operario, nos detendríamos un momento a observar con sorna al 73, 74 y quizás 77 y luego con sigilo procederíamos a la caja. En situación delictiva, por caso, chequearíamos los mensajes del celular antes de entregarlo, o bien, haríamos notar la necesidad de apretar bien fuerte el “Send” para que funcione. De la misma forma, en agonía mencionaríamos casualmente nuestro deseo de comer empanadas de choclo algo más tarde y ante la vista de siderales lamentaríamos soslayar el último capítulo de Lost.
Así, por más desguarnecido nuestro resultado, no hacemos más que imprimir aristocráticas memorias en el coco de aquellos los mortales.













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