Archive for March, 2009

El Hormiguero: revisitado

Los espectadores del BAFICI pueden clasificarse en los siguientes órdenes:

1. El Baficilisco: son los fanáticos que compiten unos con otros para ver quién apila más entradas a películas coreanas. Suelen asistir a escuela(s) de cine, todo lo comparan con cinematografía o les recuerda a una película que nadie más vio, odian a los críticos de Clarín, y siempre ya vieron algo de lo que estrenan en el Festival antes en alguna otra dimensión de snobismo intolerable. Ah, durante las 2 semanas que dura dicen que “dejan de existir”.
2. El Montonero: son los que tienen alguna credencial de prensa, trabajan para algún medio ignoto o entran a las películas con la tarjeta de Guía Óleo. Van de un lado a otro con un montonito de entradas que pueden ser de este o el año anterior, no importa, ellos van a ir a ver más películas que todo el mundo, casi el 79% de lo que se exhibe, y es que es fácil que, en vez de gastar los $1790 en entradas, te paguen por ir a ver cortos himalayos a toda hora del día.
3. El Erudo: son las celebridades de incógnito que aparecen durante el festival porque alegan que les gusta mezclarse con los baficiliscos o simplemente son los Montoneros menos queridos en su medio y no participan en la selección de programación. Puede tratarse de Daniel Hendler que es fanático de Ya-Che-Chang.
4. La Vieja: es la que va siempre a la función de los viernes a las 20.30 en el Atlas Santa Fe y de pronto se encuentra con que ese día a esa hora dan The Ballad of Sexual Dependency y se mete igual.
5. El Foráneo: el que no tiene nada que ver con el Festival pero va porque le recomendaron una película de Tom Waits o cae con una remera de las Tortugas Ninja porque dan un corto en el que mencionan a Splinter. En esta categoría también entra la gente con acento rasposo que cruza el Atlántico para sumergirse en esta cultura porque es cálida y cachengue.
6. El Errante: el mismo que se mete a Burger King temprano porque hay 2×1 de facturas o que asiste a la función de Pansy Division – Life in a Gay Rock Band para dormir una siesta.

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Jarabe ilustre

Hace algunos días fui a entrevistar a Belén Blanco al Teatro Maipo para una revista de Buenos Aires. Llegó tarde y me sentí como si interrogara a un astro de rock. En eso apareció Norma Pons y nos corrió del camarín. A poco, proveyó sendos vasos de Coca-Cola para expiar sus culpas. Es posible que nunca más la vea en mi vida.

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El Refrescante

creativesam

Cada Día Mundial del Agua me toca una cavilación sobre mi estado de humedad. Dígase que en este 24° me encuentro de repente mojada – quizás producto de previas y ligeras zambullidas sucesivas -, casi constantemente lluviosa, pero era de esperarse, las gotas iban a llegar. En instantes, un turbulento maremoto, pero que cada vez da lugar a duchas más inquietantemente serenas. Me siento refrescante, no obstante, por segundo más sedienta.

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Como tapones de botella


“Somos máquinas, estampadas como tapones de botella. Es una ilusión ésta de que existo realmente, personalmente. Soy sólo un modelo de serie.”
¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, Philip K. Dick

Hoy salió publicada un breve panorama personal acerca de la posibilidad de cambiar el mundo sacudiendo los Muros de Facebook. Suficiente se ha hablado sobre el tema y el artículo intenta exclusivamente ofrecer algunas miradas de lo que se hizo y hace por las causas sociales usando las nuevas tecnologías. Es posible, digo, si creemos en los replicantes.

¿Sueña la Web con un mundo mejor?
Todo libro de ciencia ficción tiende a pertenecer a uno de dos mundos: el de las utopías (el lugar que no existe, el lugar ideal o perfecto) o el de las distopías (como la utopía negativa o el lugar del apocalipsis). Esto es así tanto para La Nueva Atlántida, de F. Bacon, como para Un mundo feliz, de Aldous Huxley; 1984, de G. Orwell; La isla, también de Huxley, y por supuesto ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, la novela de P. K. Dick que fue adaptada al cine como Blade Runner por Ridley Scott. En todos los casos, los autores reflexionaban sobre futuros o realidades más o menos cercanos donde o bien los avances de la tecnología nos llevarían a la cumbre de la civilización, o bien acabarían por poner en peligro la especie.

Superada esta digresión literaria, hoy también cabe preguntarse si esas nuevas tecnologías que intervienen en nuestras reflexiones sociales, políticas, filosóficas y éticas con tanta vehemencia, en definitiva siempre estarán gobernadas por intereses particulares, o si pueden ser puestas al servicio del bien común con éxito.

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Si alguien encuentra un billón de dólares…


…son míos, se me cayeron recién.

Tengo 2 preguntas acerca de la Crisis Mundial.
1. Si nadie tiene plata, ¿entonces la plata dónde está? Alguien la tiene que tener, porque hasta hace un ratito éramos todos ricos, ¿pero quién?
2. Si todos estamos pobres, ¿no podemos hacer como que empezamos de nuevo y acá no pasó nada?

Como hay gente como yo que no entiende por qué de pronto tiene que empezar a preocuparle el tema de las hipotecas si antes estábamos hablando de las Eliminatorias, hay otra que está explicando de qué se trata todo esto.

Veamos:
1. Resulta que cuando en el 2001 explotó la burbuja de las dot-com (o los negocios en Internet dejaron de ser rentables) y también se vinieron abajo las torres, las Reservas Federales de Estados Unidos dejaron de ser un lugar seguro para que los inversores pusieran su dinero, ya que la ganancia era mínima.
2. A la caza de nuevos negocios en los que invertir, se les ocurrió que el inmobiliario podía resultar muy bien. En resumidas cuentas, empezaron a dar muchos créditos para que la gente comprara casas, contando con que el precio de las propiedades iba a subir en el futuro y todos salían ganando. En este momento estaba de moda el concepto de “leverage” que más o menos indicaba que para ganar mucho había que pedir mucho prestado.
3. Pero como todavía tenían plata que invertir, quisieron darle crédito a aquellas personas que nunca reciben créditos: los pobres (o “ninjas”: no income, no job, no assets). Y después de dar estos créditos tan generosos, vendieron esas hipotecas a otros inversores y a otros bancos de todas partes del mundo. Esto estaba armado en paquetitos que daban a pensar que nadie podía perder porque las hipotecas seguras (de la gente que podía pagarlas) estaban distinguidas de las riesgosas (los ninjas).
4. El tema es cuando los ninjas no pudieron pagar sus hipotecas. Ahí, los inversores que en este momento eran millonarios, se empezaron a quedar con casas abandonadas por los ninjas. Casas que nadie quería comprar. Estas casas baratas empezaron a bajar el precio de todas las propiedades. Y la gente que sí estaba pagando su hipoteca se dio cuenta que iba a terminar pagando 10 veces el precio de una casa que ahora valía monedas. Entonces ellos también se fueron de esas casas.
5. Ahora nadie estaba pagando las hipotecas y todos los inversores, todos los bancos, todos los países involucrados habían hecho una inversión que no sería devuelta. Todos pobres y todos desconfiados.

Pero gracias a la globalización esta crisis es mejor y más sofisticada que la del ‘29, porque allí los únicos que perdían dinero eran los inversores y financistas, mientras que ahora por el flujo de dinero de banco a banco y por todo el mundo, todos estamos involucrados en la crisis, ya que nuestro dinero en un banco cualquiera puede haber estado o estar involucrado en esta “gran estafa”. Y podemos perderlo.
Por eso, comparado con esto, el crack del ‘29 es “un juego de niñas en el patio de recreo de un convento de monjas”.

Acá hay una explicación en español.
Y acá en inglés.

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