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El clima en stand-by. Las velas corresponden a la “Vigilia por la Supervivencia” en Buenos Aires el último viernes, pequeña pero enorme.

El clima en stand-by. Las velas corresponden a la “Vigilia por la Supervivencia” en Buenos Aires el último viernes, pequeña pero enorme.
No conozco tanto a Johnny Cash pero el tipo tiene ese efecto que cada vez que uno le escucha la voz deja de escuchar lo otro y si encima uno también a veces lo ve en una película como Johnny Cash’s America reniega de que sea un personaje verdadero y místico a la vez. Esta canción tiene que ser una de las que musicalice mi videovida cuando ya no esté aquí. O sí, quizás un poco lo conozco.
La Feria de Navidad Sustentable del otro miércoles resultó ser pequeña y memorable, con una treintena de objetos o bien verdes, o bien solidarios o bien buenos.
Esto incluía vestidos y muñecas de Palermo Creativo a excelente precio, envases y descartes de Natura y de vía pública puestos al servicio de la estética por Almachen, indumentaria para bebés verdes de Chauchas y papelería vegetal de Marisol García.
Se prueba que las cosas puedan reusarse y ser lindas, que las causas pueden emparejar a muchos arriba, abajo y por todos lados, que los regalos en Navidad pueden sentirse distinto. Gente buena, cosas buenas.

Si lo recuerdan, ése era el título de una sitcom de los ‘90 protagonizada por aliens, pero también es una experiencia de ayer, de yendo por el Abasto, pasar por el restorán Don Carlos (gracias, Lu!) y toparse con el Mini Danonino Paseo de Las Estrellas Porteño.
Y no es que envidie que una figura de mi talla no pueda pegarse ni de lejos a las refulgentes estrellas del firmamento amosaicado que incluye a Zulma Faiad, Goycochea y Ethel Rojo, sino que lamento no haber sido bautizada bajo el tremendo epítome de Gianni Lunadei, quizás el mejor nombre del mundo.

En una de mis quizás improbables fantasías por su cronología imagino que soy parte del equipo de los Pumas que venció a Francia en el último Mundial y anoto el último y triunfante try acompañada por la cálida Nessun Dorma y su ¡Vincero! Todo esto lo avizoro compilado en un clip de mis mejores momentos en el equipo, mis riñas con los árbitros y periodistas, mis cambios de looks, tal vez alguna lesión, y para terminar el culminante score corriendo a campo traviesa, dando vueltas a diestra y siniestra con el balón, inalcanzable, los adversarios tropezando con mi sombra, y agigantándome al tiempo que me lanzo resbalando por el pasto y mil millones de compañeros, espectadores e instantes se arrojan – como en la fotografía, pero sin revistero – sobre mi brillo.