Archive for March, 2010

De talleres y tiburones

shark

Acabo de descubrir cuál es uno de mis más sórdidos rechazos: la colectivización de lo creativo.

Hace ya un par de semanas me inicié gracias a la siempre trascendente Farolera en los viajes chamánicos, quienes para los que no los conocen se trata de una experiencia de relajación / meditación / travesía a partir de, en este caso, el estado de semi conciencia al que te induce un tipo golpeando un tambor 220 veces por minuto. Estos viajes pueden invitarte a visitar el mundo subterráneo (donde encontrás a tu animal de poder), el de arriba (donde están nuestros guías y maestros) y el del medio (que es igual al nuestro pero distinto). En esta iniciación se trataba de encontrar al susodicho animal y si bien para muchos era la primera vez, en minutos me encontré escuchando historias de choques con serpientes vomitadoras, gorilas saltarines y otras bestias igual de fáciles. A mí me cuesta. Está claro que no puedo evadirme ni soltarme con ligereza. Y mientras mi tiburón me pasaba casi de largo sin siquiera mostrarme un colmillo o me dormía cual morsa poco poderosa, el embate de los relatos del colectivo que me acompañó en el viaje me resultó más duro e inverosímil que el 60 yendo vacío.

Pocos días después también me largué a un Curso de Escritura Narrativa. Otra vez y con previo aviso (debí saberlo) se pasó una consigna lúdica y fantasiosa y mientras todos se esforzaban por haber perdido objetos como anillos mágicos, autos fabulosos y naranjas, o cajas de pinturitas con historia, yo sólo recordaba la ausencia de un Manual de 3er grado que poco representaba mi profundidad psicoliteraria.

Ahí por fin me di cuenta de que no puedo compartir lo creativo, lo artístico, lo imaginario. Si soy mágica sólo me pasa a mí y si los demás lo experimentan no quiero escucharlo, es mentira.

¿Qué experiencia colectiva no toleran? ¿O qué colectivo nunca los deja bien?

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Un chile picante y 10 tamales

blueyellow

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Salvar a la rana

Ayer por la tarde tuve la excelentísima oportunidad de asistir a la Conferencia sobre Cambio Climático que dio Mariana Díaz en Casa Natura. Vamos por partes: Natura Cosméticos en conjunto con Emprendimientos Sustentables organiza estas charlas mensualmente y desde hace dos años y pico, si mal no recuerdo. Las temáticas de estas charlas oscilan entre temas sociales, ecológicos, de sostenibilidad, y en especial tienen un enfoque hacia el rol de cada uno, lo que podemos hacer, las 10, 15, 30 personas que asistimos a cada encuentro y toda nuestra red de conocidos una vez que dispersemos el mensaje – los 3 metros a nuestro alrededor -. Cabe que destaque que Casa Natura es un espacio ideal para este tipo de conversaciones: un lugar donde no se pierde de vista el placer, la belleza, la salud, nuestro bienestar y la relación con nuestro entorno (y como si esto fuera poco te dan un regalito cuando te vas).

Mariana Díaz fue entrenada por Al Gore para replicar la charla que es motivo de la película An Inconvenient Truth, hoy uno de los productos más representativos de The Climate Project. Si aún no vieron la película ni leyeron el libro, consideren esta como una oportunidad para despertarse y hacerlo. La mayoría de los aspectos que recorrió Mariana pueden encontrarse en estas fuentes y nunca está demás volver a ellos.

Una simpática historia resume el panorama del calentamiento global hoy – un debate que según dice Gore ya se ha terminado, ahora hay que pasar a la acción -:

Si una rana cae en una olla con agua hirviendo, inmediatamente saltará fuera de ella para ponerse a salvo. Sin embargo, si la misma rana salta dentro de una olla con agua fría que se calienta muy lentamente, es muy probable que ésta no advierta el peligro y siga allí mientras el agua se continúe calentando y calentando hasta que…. ¡que alguien rescate a la rana! Es importante rescatar a la rana, porque la rana somos nosotros.

Ahora bien y por último, no alcanza con ver, informarnos, aprender, sentirnos parte de un movimiento que es más grande que nosotros, que persigue la supervivencia de nuestra especie y la de todas las que habitan la Tierra, ese punto tan pequeño en el medio del universo. También y en especial hay que actuar y creo que el primer paso, paradoja si las hay, es detenernos. Dejemos de correr y empecemos a pensar. Por ejemplo:

- en lo que compramos: ¿es necesario lo que estamos a punto de comprar? ¿de dónde viene? ¿quién lo produjo? ¿cuánto costó producirlo, distribuirlo? ¿a quiénes afecta nuestra compra? ¿los recursos que aprovecha son renovables, reciclables, perjudiciales para el medio ambiente? ¿podemos evitar / reducir / reutilizar el packaging? ¿podemos cambiar este producto por una experiencia? Podemos plantearnos estos interrogantes en cada compra que hagamos durante un día y es probable que reduzcamos en algo nuestro consumo.
-en lo que comemos: ¿de dónde salió lo que comemos? ¿se produce cerca o requiere de procesos complejos de extracción, producción, distribución y conservación? recordemos la teoría de la mandarina de Narda Lepes: es mucho más fácil, más barato, menos agresivo con el planeta y más realista comer una mandarina con la misma facilidad que comemos unas costillitas de cerdo o un bifecito que cuestan mucho más (y contribuyen a la contaminación) en producirse y llegar a nuestra mesa. Pensar en esto también nos obliga a pensar en la preservación de especies que generalmente despreciamos o damos por sentado, tan simple como un chancho.
- en los recursos que usamos: la energía que nos llega con tanta facilidad cuesta mucho en producirse. ¿Podemos darnos duchas de 5 minutos? ¿Podemos desenchufar los aparatos cuando vamos a dormir? ¿Podemos abrigarnos más y usar menos la calefacción? Volvamos a las fuentes, cerremos la canilla, apaguemos la luz, apreciemos lo que tenemos, no fue fácil conseguirlo pero sí es perderlo.
- en la basura que producimos: a más descomprometido sea nuestro uso de energía, recursos y materiales más desechos produciremos. Pasemos un rato con ellos antes de hacerlos desaparecer. ¿Podemos dejar de usar tanto plástico y volver al vidrio? ¿Podemos evitar pedir bolsas de plástico? ¿Podemos reciclar o reusar o distribuir nuestros desechos – en buenas condiciones – a lugares donde puedan hacer algo útil de ellos? Hagámonos cargo de lo que dejamos a nuestro paso.
- en cómo compensamos: ‘¿cuánto sabemos y cómo pensamos reducir nuestra huella ecológica? Algunos proponen un 10% para este 2010. ¿Podemos darle más oxígeno al mundo: plantar más árboles y plantas – fijándonos dónde – y andar más en bici o caminar?

Más info:
Blog de Mariana Díaz
10:10

Publicado en El Viaje de Odiseo

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Yo como una aldea

informaciónhidrante

Hace no tanto pero seguro en otra era estar informado tenía que ver con leer los diarios, quizás sumar el complemento de una revista, estar al tanto de lo que pasaba en los medios extranjeros, ver algo de tele, no dejar de escuchar la radio y una porción edulcorante de charlas espontáneas y de pares, no jerarquizadas. En ese tiempo era norma advertir entre los comunicadores más o menos con forma y los en formación sobre que toda la información contenida en un diario cotidiano nuestro era también toda la contenida en la vida de un ciudadano en la Edad Media.

Me alegra pensar que soy una de las que vivió la transición. El medio nunca deja de ser el mensaje y con el protagonismo de las nuevas tecnologías de la información cambió también lo que es estar informado. Nunca fui adicta a abrir tres o cuatro diarios y leerlos a la vez, pero siento que eso hoy ya no me convierte en una indigente periodista, muy por el contrario, hoy me vuelve una constante y feliz hambrienta. Mis días se distribuyen en un pequeño porcentaje en leer diarios online (confieso que leo poco de actualidad, me gustan las notas culturales, las que tienen muchos links, las que me sacan de contexto), otro enorme en leer blogs de todo tipo (cine, medio ambiente, algo de moda, cultura, caos, egolatría, ilustración, maravillas, dulces y variedad de actualidades), – los que más me gustan son los de personas y los que no tienen un solo tema -, en seguir las novedades de redes sociales (marcas, gente, proyectos, iniciativas), en charlar e intercambiar información, en republicar cosas fascinantes, en comentar, en perder extensivas cantidades de tiempo hilando caminos que no se terminan nunca (me encanta que no se terminen) y en descubrir cada día tres o cuatro cosas que no están en los grandes medios y que son fruto de las voces de pequeñas personas con hambre.

¿Estoy cada vez más informada o más ausente?

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Pociones de estío

Mi costumbre de probar, probar y reprobar no se agota en verano, más bien se avispa en vistas de todos los productos de temporada que son arrojados a las góndolas por unos meses.
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La línea de bebidas saborizadas sin gas que tanto me han colmado (en buen y mal sentido) ahora se reedita. Si bien mis escudos están con Aquarius (y su versión uva es una genuina novedad), últimamente Levité ha presentado dos placeres: Ananá y Durazno. A la versión de ananá le pondría un poco más de noble acidez refrescante, por ser un sabor tan inusual quiero disfrutarlo al máximo cual si estuviera en playa calurienta, y la de durazno tiene un resultado cremoso (!) que me ha pasmado felizmente. Me gustaría que le diesen un poco más de vivacidad a los colores, que ya artificiales no molestan si son más nítidos.

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Otro rubro lo ocupan las pócimas de bares y cafeterías, éstas por suerte surgen de una inventiva más elaborada. No obstante, me decepciona el último lanzamiento de té helado (no recuerdo el nombre) que promocionan en todos los locales de Starbucks. Probé el rojo por más atrayente y resultó una mezcla aguachenta que requería inclaudicables cucharones de azúcar y poco efecto tenía en la gelatización de mi temple.
Me resta probar el batido tropical de Freddo que se me aparece como mucho más pegajoso.

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Les propongo entretanto una alternativa espesa. Yogur del que les guste (yo puse ananá), durazno en pedacitos, azúcar, a la licuadora, heladera o freezer y el contente.

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