Dame un punto de apoyo y destruiré

…el mundo.
Esta semana se estrena en los cines 2012, el último rollo apocaliptíco con tocino que se les haya ocurrido a los cada vez más asquerosos “chicos de arriba”. En este caso el potingue es de nuevo de Roland Emmerich, un tipo tan querendón que le debemos Independence Day, Godzilla y The Day After Tomorrow, entre varias otras jornadas en que se acabó el mundo.
Lo siniestro de este volumen es que, lejos de enfatizar el arribo de agentes externos como aliens o lagartos verdes, el tipo se haya ensañado por segunda vez con el clima y ahora le dé con las profecías mayas. Esto me parece soberbiamente estúpido en la medida en que los complejos pronósticos sobre lo que ocurrirá el 2012 pueden más interesantemente interpretarse desde el punto de vista del cambio, el quiebre, el retorno o el giro que a todas luces podría tornarse prometedor o acaso siempre tenemos que retratar malditas olas gigantes destruyendo los grandes monumentos del mundo. (Véase más aquí).
Para no angustiar a nadie, las lecturas yanquis de estas reflexiones nos vuelcan (tanto en la ficción como en la realidad) a la construcción de arcasdenoé que salven a los humanos más occidentalizados y al repetido protagonismo de los tipos más fanáticos de la hamburguesa con queso en un intento por salvar(se) al planeta en que todos hablan inglés.
Lo que resulta más irritante y perverso de todo el hecho es que justo hayan decidido invertir millones de dólares en asustarnos por la pantalla contándonos la historia de una Tierra en donde la temperatura asciende rápidamente y provoca catástrofes naturales el mismo año en que podrían haber puesto ese efectivo a buen uso participando activamente y con soluciones tangibles de la Conferencia por el Cambio Climático en Copenhague. Como de costumbre, los imberbes miran al cielo y temen que Dios no les perdone su grandeza.






Hillbilly - Publicado por VICTORIA BEMBIBRE - Powered by