Un fugaz vistazo de lo que seremos

Lo que odio del BAFICI: la gente, las películas que nadie sabe por qué están ahí, los nivel 2 que van a todos lados con su colgante credencial y un montón de detalles terribles, los que son todavía más nivel 2 y trabajan para el BAFICI y tienen que interactuar con los nivel 1 de Hoyts, los nivel 1 de Hoyts que no saben de qué se trata pero te ofrecen whisky y café, las salas llenas, los aplausos, las entradas agotadas para películas que no quería ver y ahora quiero, las presentaciones de directores, la gente sentada en las escaleras cuando hay asientos, las moditas, los baños llenos, nunca poder abarcarlo.

Lo que vi:
turnitloose
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enrique_pineyro_lapa_10_anos
maryandmax
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Turn it Loose, In the Attic, El Rati Horror Show, Mary & Max, Cuchillo de Palo, Kings of Pastry.

Lo que amo del BAFICI: encontrarse de pronto con una gran película que nadie sabe por qué está ahí, la marejada fílmica, las opciones, las postales, los documentales y el cine de animación, que i.sat repita las pelis, estar solo con una película, las contradicciones, lo inabordable, que me empuje a ser cineasta a partir de mañana.

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El Hormiguero: revisitado

Los espectadores del BAFICI pueden clasificarse en los siguientes órdenes:

1. El Baficilisco: son los fanáticos que compiten unos con otros para ver quién apila más entradas a películas coreanas. Suelen asistir a escuela(s) de cine, todo lo comparan con cinematografía o les recuerda a una película que nadie más vio, odian a los críticos de Clarín, y siempre ya vieron algo de lo que estrenan en el Festival antes en alguna otra dimensión de snobismo intolerable. Ah, durante las 2 semanas que dura dicen que “dejan de existir”.
2. El Montonero: son los que tienen alguna credencial de prensa, trabajan para algún medio ignoto o entran a las películas con la tarjeta de Guía Óleo. Van de un lado a otro con un montonito de entradas que pueden ser de este o el año anterior, no importa, ellos van a ir a ver más películas que todo el mundo, casi el 79% de lo que se exhibe, y es que es fácil que, en vez de gastar los $1790 en entradas, te paguen por ir a ver cortos himalayos a toda hora del día.
3. El Erudo: son las celebridades de incógnito que aparecen durante el festival porque alegan que les gusta mezclarse con los baficiliscos o simplemente son los Montoneros menos queridos en su medio y no participan en la selección de programación. Puede tratarse de Daniel Hendler que es fanático de Ya-Che-Chang.
4. La Vieja: es la que va siempre a la función de los viernes a las 20.30 en el Atlas Santa Fe y de pronto se encuentra con que ese día a esa hora dan The Ballad of Sexual Dependency y se mete igual.
5. El Foráneo: el que no tiene nada que ver con el Festival pero va porque le recomendaron una película de Tom Waits o cae con una remera de las Tortugas Ninja porque dan un corto en el que mencionan a Splinter. En esta categoría también entra la gente con acento rasposo que cruza el Atlántico para sumergirse en esta cultura porque es cálida y cachengue.
6. El Errante: el mismo que se mete a Burger King temprano porque hay 2×1 de facturas o que asiste a la función de Pansy Division – Life in a Gay Rock Band para dormir una siesta.

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Salida del Hormiguero

Después de algunos días de digestión, puedo hoy hablar de mi percepción sobre el BAFICI. En ocasiones anteriores, debo decir, lo rechacé de pleno, evitando los escenarios de conglomeración de las hormigas, y optando en vez por alguna bomba fétida del cine que ameritara pochoclos extra inflados.
Esta vez, y por primera, me propuse de antemano una loca compratina de entradas, buscando sacarle jugo al Hormiguero desde una serie de elecciones francamente azarosas, basadas no en tatetismo, sino en la elección por títulos y argumentos, que es casi la misma cosa.
Y sin embargo, parece que ajena a la recomendación de popes, la experiencia es casi siempre ingrata. De lo que vi gusté de lo a reestrenar en el mainstream, casi todo. De lo a no repetir, gusté de lo yanqui, lo popular o lo evidente. No comulgué con los experimentos ni con los aficionerismos, mucho menos con el carácter hormiguil de muchos. Salvo, quizás después, el Härlig är jorden de Andersson.
Sé que, amén de separarnos radicalmente nuestro estatus como Nivel 2 y 3, fuimos uno con Daniel Hendler en el instante en que él abandonó la sala y yo anhelaba hacerlo.
Al cabo, recibo al Hormiguero como una Bestia que no puedo asir ni destruir como acostumbro; como un Goliat al que yo, ácido David, le he perdido el gusto de alcanzar con la gomera.

Pero nos queda esta superlativa publicidad realizada para la versión anterior, en captación absoluta del Nivel 2:

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El Hormiguero: Segundo Tramo

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El Hormiguero: Primer Tramo

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" Greco del dia http://twitpic.com/273l3y "