El tío abundante
Si los sánguches fuesen parientes, el bagel sería el tío rico, ni exageradamente ampuloso ni demasiado sofisticado, pero con una ancha presencia que se hiciese notar en cada bautismo y en cada asado. Quizás el tío que viajara todos los años y que viniera del Viejo Mundo con ideas de lo notable y lo delicioso. Y si ese tío entonces se volcara o transmutara en un platillo gourmet, sería por supuesto el bagel, un panezote exuberante vacío o relleno que lentamente extiende su dominio cracoviano por las calles y paredes de Buenos Aires.

Ahí lo tienen, este es el bagel. Un pan con un círculo en el centro y con una consistencia algo húmeda, algo densa, que sale mejor a mi gusto si está relleno con algún manjar, pero claro eso le da todavía más aplomo. Este intimidante de harina se ha popularizado en series y películas y hoy finalmente llega por vía de El Bagelazo a nuestra morada.

Que la curiosidad algún día me detenga porque me puse en contacto con ellos para descubrir los misteriosos bagels y reportarlo en mi blog. Unos varios bagels más tarde y bastante pipona estaba pensando que:
- Siempre son mejor con relleno pero si el relleno es abundante como queso, jamón y otros suculentos la panza sólo permite uno y medio (¿habrá que optar aquí también por los minis?). Si el relleno es discreto se pierde en el pan, que es un tanto omnipotente.
- El precio de los más clásicos bien lo vale, porque rinde dos empanadas más o menos. Sin embargo, el über salmón – la versión de lujo – excede a los bolsillos más cálidos.
- El pan se mantiene bien unos días después y hasta pidiéndolo solo se puede complementar con cualquier queso crema rondante que le dé un poco de aire, ¡también se pueden congelar!
- Para una reunión familiar con tíos y primos sigue rindiendo mejor la pizza, para una cena angurrienta y memorable, bagelazos.

¡Gracias, Bagelazo!






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