Una vaca taimada y artera
Al contrario del bovino estúpido que ridículamente daba leche merengada tal cual describía la canción infantil, los bares y confiterías de Buenos Aires parecen haber criado una bestia de costumbres mucho más ladinas: es casi imposible saborear algún brebaje tibio que no contenga café, té o mate. No me gustan en general las “ínas”, o prefiero el deleite de alguna bebida dulzona y fastidiosa (tanto para mi estómago como para el contrariado mozo que siempre prefiere el cortado con medialunas). Pero resulta que ver una carta típica implica toparse con combinaciones estrafalarias de café irlandés, té oriental o mate telúrico y discretísimas otras letras que promocionen leche en combinaciones que no sean Cindor caliente a más de 10 pesos o un submarino de enemigo chocolate amargo a 15 ó 20.
En más de una oportunidad se me ha despertado un cosquilleo noble ante la posibilidad de una “leche merengada”, una “leche con crema” o alguna otra batida, combinada, creativamente agitada. Y más de una vez el camarero ha pisoteado mi expectativa alegando que no la hacen más o que “tarda mucho, no te conviene, hay que batir toda la crema a mano”. Como mucho, un licuado. Caro y sin garantía de verdad.
En fin, ¿deberé venderme a la final al mejor postor yanqui: al productor de milkshakes, hamburguesas hechas sin pan y con rosquillas, desayunos con tocino y almuerzos con lácteos? ¿Está mi corazón en esta inventiva del inquietante frito?







Hillbilly - Publicado por VICTORIA BEMBIBRE - Powered by