La revolución más apetecible

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La tercera parte del raid de degustación de cupcakes en la city se la llevó Che Cupcakes (gracias, tanto como a Lulú!), de la segunda les contaré más adelante.

En esta tercera entrega nos enfrentamos a 6 mini cupcakes que no sólo exploraban el territorio de la base de chocolate, vainilla y del relleno de dulce de leche, sino que desplegaban las más atrayentes y ensoñadas coberturas. No suelo administrar mis consideraciones en términos de favoritos, ránkings ni cielos e infiernos, pero estos cupcakes verdaderamente encarnaban el sentido del dulce apogeo. Lo bueno de éstos no es sólo la alusión al mártir de la revuelta cubana, sino que el adalid de la justicia pueda mezclarse con una masa ciertamente húmeda y sabrosa condecorada con azúcar, bombones y otros riesgos. Se prueba que el mejor tamaño es el diminuto porque no favorece el empalague y, de ser posible, la variedad de gustos y combinaciones para ponerle sazón a una tarde lluviosa. Eso sí, ojo con los peligros: la cobertura de menta es sólo para los aficionados.

El precio es conveniente, la atención es complaciente y de regalo vino un cupcake-imán para la heladera del amateur.

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Muñequitas descocadas

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El sábado pasado fue la primera vez en mi vida que probé los famosos cupcakes de los que todo el mundo parece hablar para por fin desentrañar qué se traen estos gorditos dulces. La apertura fue con Lulú Cupcakes que nos enviaron muestras de sus especiales para el Día de la Madre.

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Todo en Lulú parece para niños, no porque las porciones sean chicas, sino porque los cupcakes tienen una presentación muy vistosa, son un poco desprolijos (en el buen sentido) y la masa parece más la de un bizcochuelo con dulce de leche que una sofisticación gourmet como otros hacedores de cupcakes apuntan a seducir. Hasta el paquete es juguetón.

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Está claro por las fotos de su sitio que su especialidad son los cupcakes recreativos, para paladares menos exigentes y más inquietos gestálticamente hablando, quiero decir, que comen cosas divertidas, como yo. Me los imagino en todo tipo de escenarios poblados de párvulos deseosos de gomitas, caramelos, bombones, masticables y desenfreno. Los prudentes del azúcar y los rigurosos de la gastronomía deberán abstenerse.

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Mi recomendación: darle un aire más bromista y delicioso al sitio web, que por el momento sólo tiene imágenes pero aspira a muchas más historias felices.

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Comer brownies puede matar a tus hijos


1. Ahora comer brownies es mucho más fácil porque sólo hace falta comprar una caja de polvo y mezclarla con manteca y leche y ponerla al horno y uno puede deleitarse con los “marroncitos”, con delicias de limón u otras fascinaciones reposteras para el paladar, cortesía de Exquisita. Y como me agita mirar publicidades y pensarlas en este espacio, no se me escapó este creativo video en donde se muestra que hacer repostería simple, barata y casera puede dar por tierra con tus propios pequeños.
Como es el estilo de Exquisita desde hace algún tiempo cuando renovó sus obsoletos bizcochuelos proponiéndolos como un plan fantástico para los sábados a la tarde, ahora hace lo mismo con otros platillos, mezclando música “alegrindie” con escenas que transcurren en un piso de un edificio común y corriente. Pero nada es convencional allí porque como la vida es tan feliz comiendo rico el piso 9 de ese edificio sonríe y así las cosas todo está torcido, inclinado y mejorado para el divertimento de los niños. ¿Pero alguien notó que se están revolcando en un piso de concreto? ¿O acaso que hay un chico tirándose cuesta abajo agarrado de un horno encendido? ¿Y qué hay de la nena que mete la mano adentro del horno para morfarse un brownie? Todo eso me da bastante miedo. Aparte a la vieja también la acosan un poco.
Todo esto es posible gracias al jugo gris de cierto grupo de creativos que logró encontrarle una vuelta alocada a lo que parecía receta de abuelas y por eso ahora mismo estoy bajando al almacén para conseguir una caja de letales muffins y conseguir que los artefactos más desagradables de mi cocina bailoteen e intenten asesinarme.

2. ¿Alguien vio por la calle las publicidades de la nueva salsa de dulce de leche de La Salamandra? A mí esta marca me gusta porque resignificó el deleite del dulce de leche con envases y postres que invitan al entusiasmo lleno de lactosa y colesterol, pero ahora considero que fallaron. ¿De qué otro color podría ser un frasco de dulce de leche que no fuese marrón? Bueno, ellos entendieron que un verde musgo era acertado y ahora presentan esta nueva salsa en un envase que parece de aceite de oliva o así se ve en los carteles de vía pública. Lo que es el colmo es que hayan elegido encima mostrar el producto decorando unas depresivas tostadas. ¿Quién se hedoniza poniéndole dulce de leche a las tostadas cuando hay banana, alfajores, galletitas dulces, tortas y hasta pedazos de telgopor más atrayentes? Muy lamentable, porque le quitaron el atractivo a un producto que podía ir básicamente con todo (menos con pan).

3. Esta publicidad es más vieja pero no puedo pasarla por alto. Se trata del nunca tan vacío de gloria Mike Amigorena vendiéndome una bebida energizante en japonés. ¡Qué descaro! Y aquí la verdad es que no entiendo qué es toda esta sofisticación estúpida de poner a un tipo tan imbécil vestido de oso panda creyéndose elegante porque duerme ocho horas al día en una cama solar y se bate el pelo y usa pollera y a un par de japonesas a quienes sólo están usando por exóticas y no porque vayan a explicar por qué cuernos tengo que comprar Sobe Rush. ¡No se entiende o acaso los orientales tienen más empuje! Cada vez que la veo con todo el escándalo y la grasulería de mi enemigo público n°1 prefiero energizarme con posturas de yoga.

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Hasta que el azúcar se disuelva


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WHO dice que la depresión zarandea a la friolera de 121 millones en el mundo, de forma que hoy y en el s. xxi ya es una epidemia. No obstante, en caso de sentir el sol caerme encima, quiero pensar que podría preocuparme menos. Y bien, ¿quién dice que algo debe encresparme con palpitaciones? ¿Qué pasa si me abstengo de los retortijones? ¿Y qué si todo me parece un poco más liviano?

Alcanzada esta bienaventuranza de las espinas, hago una de tres cosas:
1. Doy por tierra con un cuenco de caramelos y chocolatines.
2. Reproduzco un himno, una estrofa o una tonadilla.
3. Absorbo un ránking de las celebridades más henchidas de dinero en VH1.

Mas luego, me ocupo del mundo.

También, a los potables en inglés sugiero TED y ¿Qué nos hace feliz? Ahí aprendí que los discapacitados se sienten más felices que los bípedos.

Cuando leo cosas como esta me acuerdo de comer dulce de leche.

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Lo bueno, si breve, me deja con hambre

Cosa: Bocado Tofi de chocolate blanco
Precio: $1 – Puntaje: Felicidad/10

De entre los placeres precarios que me he permitido, bien se debe incluir el Tofi de chocolate blanco y dulce de leche, ahora en versión momentánea, ahora en envase instigador. Resulta que los tipos lo rellenan con dulce de leche + llámeselecomoseleantoje y entonces no queda más que aguardar a que la boca explote, molesta, empalagada, cargante, entera; desprevenido habitáculo del apogeo por un par de santiamenes.

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" Greco del dia http://twitpic.com/273l3y "