Más cerca de irme

Hay determinada cantidad de cosas que se supone que uno debe hacer, cumplir, plantar y probar antes de morirse, y puedo clasificarlos como los instantes poéticos, asiduamente ligados con el morfi y el viento.
Uno de ellos y que acabo de experimentar es la chance de hincarle la cuchara (literalmente) a una “crema quemada” (crème brûlée) con todas las letras. Esto implica: superficie dura, cristalizada y frágil al golpe del metal, crocante en combinación con un interior de puro cremoso pastelero, si es posible se combina con frutillas u otro ácido y, en este caso, se le agrega un tono de jengibre a la crema. Por Dios, esta porción corresponde al restaurante Quimbombó por Palermo (sí), tan repleto de ricura que no pudimos terminarlo entre 4. Y ahora me quiero morir.
Puntaje: tanto más que 10
Sensación: la placidez del júbilo
PD: Notificarse de que me gustan los alimentos en los tonos del amarillo y el marrón, con textura cremosa y en cuencos.







Hillbilly - Publicado por VICTORIA BEMBIBRE - Powered by