Cada vez más a menudo siento la necesidad de formalizar aquella Teoría que me acompaña desde hace años y que recién he puesto en palabras de manera reciente. Ayer por la noche asistí al primer caso de un tercero explicando la Teoría a un cuarto habiendo recibido referencias de la misma por un segundo a quien yo de hecho se la había transmitido en primer término.

Siento hoy mismo el aliento para modelarla en letras, dar por tierra con las versiones apócrifas, disponer un documento que a todos los deseosos atienda y, por fin, alcanzar la más desprendida inmortalidad.
Y dice así.

Nivel 1: dícese de aquellos individuos que conducen un estilo de vida franco y auténtico, se regocijan con las penas y los placeres más terrenales, no son espiralados ni pretenden serlo, ven las cosas de atrás hacia adelante y pueden dar respuestas céleres a preguntas altisonantes. Se clasifican como personas desnudas, concisas, inmediatas y rectas. Son los primeros que existen para que sean todos los otros niveles. Perciben en el Nivel 2 a un enemigo subyacente o a un amigo superior, pero en cualquier caso no les concierne su existencia ya que gozan de una soberanía trascendental. En ocasiones, ven Bailando por un sueño.
Nivel 2: son los segundos nacidos o aquellos que prorrumpen de la existencia de los 1. Se trata de personas a menudo liadas o así lo ambicionan, y existe en ellas una pretensión de intelectualidad acerca de las ciencias, las artes, ciertas terapias alternativas y los derechos humanos. En todos los casos prevalece una pasión por la reflexión crítica, pausada y más o menos doliente por el estado de las cosas. Atribuyen culpas al mundo por un sinnúmero de males y consideran que es menos plausible consumir y alcanzar la plenitud que hallar el bienestar nunca declarado en miradas de soslayo y prendas de feria americana. Su mirada hacia el Nivel 1 es de arriba hacia abajo, casi nunca desean su mentecatez pero ignoran o buscan suprimir la propia realidad heterónoma, puesto que requieren a los primeros para amonestar y subsistir. A menudo, carecen de televisor en sus domicilios.

Nivel 3: su existencia da entidad a esta Teoría y, si se quiere, al sentido de las cosas. Si los unos existen para los dos, los tres son la suma de ambos primeros surgidos y entrañan una sostenida contradicción que los hace utópicos, imaginarios, estupendos.
Entiendo que la búsqueda de cualquier individuo debe ser en esta dirección, y es que los tres comparten la conversación del dos y el espíritu del uno (y viceversa). Gozan de lo mundano tanto como de lo reflexivo, de la empanada de carne picante como de las almendras y el aceto balsámico, de las causas mundiales como de las cámaras ocultas, del pop yanquicontemporáneo como de lo último de Cerati, pero no se jactan de ello.
Despunta en éstos una sincera hipocresía, como la idea de que para cambiar el mundo es preciso pararse justo en el medio y dominar a unos y a otros (y, en eso, persuadirlos a todos).